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Dos musas inspiradoras...Etelvina y Clavelina.

sábado, 04 de julio del 2009 a las 02:00

 

 

 

etelvinaclavelinaclase.jpg  

   Este artículo es a pedido. Lo confieso. Cuando algún miembro del blog me manifiesta un deseo, si ésta en mí, se lo cumplo lo antes posíble. Y sí, en este caso "está en mí".

   Mario Tasies, nuestro amigo "Tico" y admirador incondicional de la dulce Clavelina, quería ver más fotos de Nancy Serantes en ese papel. Susana, por su parte, fan de Graciela Cimer, pidió a su vez, testimonios gráficos de la fallecida actriz haciendo de Etelvina. Y decidimos complacerlos a los dos, con fotos donde ambas están presentes. La cosa no me fue muy difícil, puesto que Etelvina Baldasarre y Clavelina Carsio eran compañeras de banco en las tres versiones de la telenovela. Aprovechando por otra parte, la cercanía de la fecha aniversario de la muerte de Graciela Cimer, que vaya ésto como un pequeño homenaje del blog en su conjunto.

    En ésta, la primera fotografía, tenemos a la Etelvina "clásica", luciendo sus archiconocidos bucles de tirabuzón, rígidos como su estrecha concepción del mundo, pero a qué dudarlo...¡Lindísimos! ¿Qué nena no soñó en su momento con poder lucir ese peinado? Yo fui una de ellas...Y cuando volví a verlo repetido en Nellie Oleson, la mala de "La Familia Ingalls", más lo admiré. Lamentablemente, mi pelo es muuuy lacio y los rulos me duraban a lo sumo, media hora.

   En la foto, Etelvina aparece haciendo un comentario engreído acerca de la solvencia de su papá como médico - lo repetía constantemente, como si no hubiese otros médicos en el mundo - Y Clavelina, como siempre cálida y humana, pensaba en el drama personal de su compañerito Strabucco, cuya abuela estaba casi a punto de morirse.

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   En ésta segunda fotografía, Etelvina sigue luciendo su blanco guardapolvo escolar, pero su peinado ha cambiado. A medida que iba haciéndose "mayor", los bucles desaparecían para dejar paso a peinados más modernos y elegantes. Según la revista "Jacinta Pichimahuida", en el testimonio gráfico de arriba, la alumna Baldasarre estaba ya en sexto grado. Efraín parece aconsejarla acerca de algo que la publicación no especifica, pues se trata de un "racconto" de los últimos años de los chicos en la escuela.Es un número dedicado al ingreso de nuestros amigos a séptimo.

 

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   Aquí, nuevamente vemos a Etelvina con un peinado más adulto y sentador. Su vestido es igualmente, de corte impecable, hecho seguramente a medida. El último grito de la moda para jovencitas de su edad. A su lado, va la humilde Clavelina, con un vestido más infantil y las dos colitas de siempre, pero infinitamente seductora, pues su carita llena de preocupación y bondad, venían a constituír en ella, el mejor de los adornos. Ambas amigas se dedican - por iniciativa de Etelvina, naturalmente - a seguir a Bibi, Carola y Meche, quienes se dirigían muy orondas a consultar con una adivina, si la última podría concretar su sueño dorado: casarse con Strabucco cuando fuera mayor.  Recordemos como curiosidad que Meche pedía dinero a su mamá afirmando que era para la cooperadora, pero luego, lo llevaba a la dicha adivina en parte de pago.  

 

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   Y para terminar, un testimonio imperdible...¡Etelvina botinera! Acá la vemos como espectadora de un "picadito" entre los chicos del "cole" de Jacinta y otra escuela del barrio, en el cual Efraín en persona hizo de referí. El gallego "se portó" cuando , sin demostrar favoritismo alguno, se atrevió a sancionar a sus "blancas palomitas" si incurrían en  falyas futbolísticas. No escatimaba ni la amarilla ni la roja el gaita...Y Etelvina no puede evitar desatinarse y hacerle saber al árbitro su "opinión" al mejor modo de "los borrachos del tablón". Cuando quería, la niña tenía su carácter. A su lado, Clavelina se limita a hacer una mueca de desagrado, mientras Bibi sigue espectante el desarrollo del partido.

   Ojalá les haya gustado nuestro pequeño repasito gráfico. No será el último que hagamos. Y además...escucho sugerencias.

 

          Vanesa.

FUENTE: Revista de fotonovelas "Jacinta Pichimahuida".

Hoy firman el boletín...Juan y Paula Tamayo.

sábado, 27 de junio del 2009 a las 01:20

cirilomamamedrano.jpg                  cirilopapamedrano.jpg

   Otra pareja de excelentes padres, para quienes no caben sino elogios: Juan y Paula Tamayo. Su hijo Cirilo aprendió de ellos una línea de conducta irreprochable y supo admirarlos con todo su corazón, sin importarle el que pudiera haber en la escuela otros padres más ricos o encumbrados socialmente. Allí estaban los señores Baldasarre, él médico laureado, ella gran señora de sociedad, a quien al menor esfuerzo "se le partía la cabeza"; allí triunfaban también en las más selectas recepciones, los señores Batallán, padres del engreído Jorge. Sus padres no podían competir con ellos en ese terreno, pero para él eran los mejores del mundo. Sin un gran pasar económico, pero luchando cada día para que su hijo no pasara estrecheces ; sin relaciones de figuración social, pero con amigos leales a quien ellos a su vez eran fieles; sin una gran mansión que ofrecer a quienes los visitaran, pero pudiendo brindar un hogar cálido donde nadie podía dejar de sentirse como en su propia casa...

   Como los padres de Cristo, los de Cirilo eran, él carpintero, ella ama de casa. De manos de Juan Tamayo salían mesas en torno a las cuales las famílias se sentarían a cenar o a almorzar , bancos donde se sentarían chicos y chicas a estudiar, muebles dignos de la casa mejor puesta. Doña Paula cocinaba los platos más suculentos del mundo, donde según Abel Santa Cruz, era posíble encontrar  ravioles del tamaño de almohadones  y salsas exhalando su aroma a albahaca y orégano  . Lo hacía con poco, porque los ingresos de la família no sobraban, aunque tampoco menguaban. Gracias a la buena administración de Doña Paula, que guardaba cada pesito que entraba en una lata de "Té Sol", en casa de los Tamayo, nunca faltaba nada. A estas dotes, Doña Paula sumaba la de muy buena educadora. Si bien no tenía estudios, se esforzaba en enseñar a su hijo las virtudes principales, para ella más importantes en cualquier ser humano, que la memorización de la Biblioteca Nacional enterita: la honradez, la amistad inquebrantable, el trabajo constante pero con pausas para brindarle tiempo a la família y a los amigos,  el valor, la piedad por el que sufre y el amor.

 

 cirilopapa.jpg 

 

   Cirilo fue digno hijo de sus padres y aprendió todo ésto a pies juntillas, quizá porque en él, ya alentaba la buena semilla. Los señores Tamayo estaban orgullosísimos de su hijo, a quien el dolor de un compañero dolía más que uno propio y que , por amor, era capaz de soportar las crueles burlas de una compañerita "nariz para arriba", inhábil a la hora de  mirar su corazón. No se trataba del mejor alumno de Jacinta Pichimahuida, aunque se esforzaba de dar de sí lo mejor que podía, en cambio a la hora de elegir al mejor compañero del curso, Cirilo se llevaba el primer premio, seguido de cerca por Palmiro Cavallasca, otro que sin ser una lumbrera, tenía corazón de sobra para hacer dulce.

   Poco sabemos concretamente sobre los Tamayo, pero como diría nuestro amigo Alvaro, tampoco nos hace falta. Estoy segura de que los conocemos como si fueran viejos amigos. Con lo que se ve en "Jacinta Pichimahuida" o "Señorita Maestra", es suficiente. Un par de seres entrañables, dignos de figurar en una de las sagas más queridas por los chicos argentinos y latinoamericanos. Dos personas a quienes hubieramos deseado conocer personalmente y a los cuales gracias a la querida maestra de la tele, podemos decir que conocemos efectívamente .

   Desde la versión Salazar, el papel de Juan Tamayo estuvo a cargo del gran actor y mejor persona, Rey Charol. Pese a que los años pasaban y Charol cumplía años, por lo cual en los tiempos de Cristina Lemercier podía muy bien ser el abuelo de Cirilo, los responsables de la selección de la serie volvieron a elegirlo para el mismo papel. Ya en 1974, había vuelto a ser el padre del enamorado de Etelvina y la propuesta no debió haberle sorprendido. No sabemos quién se puso en la piel de Doña Paula en 1966, pero en 1974, la mamá de Cirilo fue Lily Correa y en 1983,  la actriz Sonia de Rosa. En la parte gráfica de este artículo, aparecen fotos de la revista "Jacinta Pichimahuida", donde , como ya lo hemos dicho otras veces, los protagonistas podían ser diferentes a los de la serie de TV, por cuestiones de contrato, por lo cual, Juan Tamayo no es esta vez Rey Charol y es posíble, que Doña Paula, no sea tampoco Lily Correa. Lamentablemente, no puedo señalar los nombres de ambos actores, por no figurar en el crédito de la revista.

    Hubieramos querido hacer más justícia al matrimonio Tamayo,  ejemplo de amor conyugal si lo hubo , en toda la serie. Opinamos, sin embargo, que ellos mismos se la han hecho ya, habiendo engendrado un hijo como Cirilo. El pequeño enamorado, de corazón inocente y franco, era su mjero carta de presentación.

   Vanesa.

 

FOTOS: 1- Lily Correa (¿?) como Paula Tamayo, y el Juan Tamayo de la revista "Jacinta Pichimahuida", cuyo nombre no hemos podido averiguar. 2- El todavía desconocido Juan Tamayo, de la revista "Jacinta Pichimahuida" y su hijo en la ficción, César Gorosito (Cirilo Tamayo) 3- Marcelo Fabián Rodríguez (Cirilo Tamayo versión Lemercier) y su ahora sí, Rey Charol (una pena que no se vean sus facciones. Voy a tratar de conseguir alguna otra foto donde su rostro esté más nítido). FUENTE: Álbum de figuritas: "Señorita Maestra".

Alumno Valentín Viñuela...¡Pase al frente!

viernes, 19 de junio del 2009 a las 01:36

 

 

 

   Se llamaba Valentín Viñuela y venía de vaya a saber uno dónde. Ingresó al aula de "la Jacinta" por apenas unos meses , por lo cual Abel Santa Cruz pocos recuerdos tenía de él , salvo un par de ojos negros que eran toda su cara y una particular facilidad para la ortografía. Ninguna palabra guardaba secretos para él. Como una musa inspiradora, "Doña Ortografía" le soplaba al oído cuando iba una "b"  y no una "v", cuando una "s" y cuando una "c" o "z"...Las haches nunca sobraban ni faltaban en las composiciones o dictados de Valentín Viñuela y no iba a cometer en la vida, el pecado de lesa majestad, de escribir "decenso" en lugar de "descenso". Poco le importaba a nuestro interesado vivir en un hotel familiar con sus padres y hermanos. Costumbre  era entre los Viñuela, mudarse cada seis meses de cuartucho en cuartucho, cuando los alquileres subían, o irse sin pagar, huyendo, en medio de la noche, cuando les era imposible pagar la cuenta del mes. Pero el pibe seguía a los suyos sin quejarse, como un gitano a su caravana.

 

   Valentín Viñuela era un compañero agradable, aunque como todos nosotros, tenía un defecto, tan poco disimulable como su perícia para escribir bien los más difíciles vocablos de la lengua castellana: se enorgullecía demasiado de éste rasgo. Se creía incapaz de cometer errores y, no contento con ello, denunciaba en alta voz , las faltas de ortografía de sus condiscípulos. Sus: "¡Señorita, señorita! ¡Ese niño escribió "ciervo" con "b"!" o " ¡Señorita! La niña Meche ha escrito "hablar" sin "h"!" , eran temidos por todos...Y la Jacinta los detestaba especialmente.

 

   Jacinta Pichimahuida gustaba de tener alumnos estudiosos, preocupados por escribir correctamente, pero en cambio se ponía serio cuando alguno de ellos le daba por la pedantería o la delación. Solía increpar a Viñuela , asegurándole que algún día se equivocaría él, y allí le tocaría a toda el aula reírse de él. El chico sonreía de oreja a oreja, seguro de conocer todas las palabras de nuestra lengua de forma impecable. Pero desde un princípio, la maestra decidió ponerse a buscar una que el chico desconociera. Y como ya se lo imaginan todos...lo logró.

 

     Durante un dictado, Jacinta leyó: " Hombres que no estudiáis, seréis insipientes ". Por supuesto, seguro de triunfar, Viñuela escribió "incipientes". Y el lápiz colorado de Jacinta hizo su trabajo marcando pomposamente la palabra mal escrita. La docente explicó que "incipiente" es algo que recién comienza, mientras que "insipiente" es alguien ignorante, que no sabe, de poco juicio. Por el sentido de la frase, el alumno debió haberse dado cuenta de la grafía correcta. Viñuela no quería entender razones, pero el diccionario dijo la última palabra, y el chico se retiró a su banco con lágrimas de rabia. Desde luego, juró vengarse y se puso a su vez a buscar algún término  que Jacinta no supiese escribir, algo de por sí, muy, muy difícil. Como podía estar años sin dar con él, optó por recurrir a un subterfugio y por cierto, tremendamente ingenioso. Se armó de paciencia para ponerlo en práctica, pero al fin, la ocasión apareció.

 

   Un día, Jacinta Pichimahuida pidió a los chicos que escribieran una composición: "Mi animal favorito". Y allí Viñuela se despachó a gusto. No redactó un elogio a gatos, perros o conejitos, sino a su querido "petiso" . Una invención suya, claro está...¿Ya que dónde iba a poner Viñuela un caballo en el pequeño cuarto de hotel en el que vivían él y los suyos? Pero como dijera Enrique IV, "París bien vale una misa". Por supuesto, otra vez más la palabra "petiso" fue marcada implacablemente en colorado y Viñuela, llamado al estrado. Jacinta, como era de esperarse, dijo que "petizo" se escribía con "z". Ni lerdo ni perezoso, el inteligente alumno preguntó a su vez si la palabra "petiso" , aplicada a cierto tipo de caballos, y no a la estatura de una persona, no era un argentinismo y la maestra se apresuró a confirmarlo. Enseguida , pasó Viñuela a la segunda parte del plan:

 

  • - "Señorita " -quiso saber - ¿En Argentina pronunciamos la "z"?
  • - "No, niño, no la pronunciamos" -dijo ella muy segura.
  • - "Y si la palabra es argentina, y aquí no pronunciamos la "z"...¿Para qué íbamos a escribírsela?"

 

   Jacinta tronó de ira y se deshizo en palabras amenazantes. Como el mismo Santa Cruz lo reconoce, "gritó sin necesidad". Viñuela la dejó desahogarse a gusto y finalmente dijo:

 

  • - "Lo siento, Señorita; usted tiene razón"

 

   Y se encaminó hacia su banco muy serio, pero indudablemente satisfecho. ¡Había ganado la partida!

 

   Poco más que esta anécdota se sabe sobre Valentín Viñuela, pues como dijimos antes, dejó las aulas de Jacinta para mudarse a otro barrio y a otra escuela, donde nosotros le perdemos el rastro. Su vida se desdibuja para quienes leemos esto, como la estela de los barcos en el mar. Por suerte, Abel Santa Cruz alcanzó a asir un jirón  de esa vida para presentárnoslo. Nos dejó con las ganas de más, pero desde luego esto no es ya culpa suya.

Por eso, si hay algún familiar de tan singular  personaje leyendo esto, a él o ella le confesamos:"¡¡¡ Qeremos saber mas de Balentín Biñuela ¡!! Escribiendo semos unos vurros..."

 

Vanesa.

 

FOTO: Por supuesto, como en el caso de Liliana Taroli, no contamos con fotos reales de Valentín Viñuela, y por eso recurrimos a una publicada en la revista "El Hogar", en el año 1925. Se trata de Jack Harris, un chico que batió el record de permanencia sobre un árbol (100 horas). El objetido de publicar estas fotografías es que se pueda apreciar como vestían y qué aspecto podían tener, los verdaderos alumnos de Jacinta Pichimahuida.

¡Felicitaciones a todos!

domingo, 14 de junio del 2009 a las 21:00

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Queridos Jacintófilos:

 

                                              Se cumple un año de estar juntos. Hace exactamente doce meses que compartimos este blog y  gracias a él, volvimos a vibrar con la Historia de Jacinta Pichimahuida y su pequeño mundo. Hace doce meses clavados, esperamos cada artículo con la misma ansiedad e impaciencia con la que , anhelantes frente al televisor y un vaso de leche ,seguíamos cada tarde la continuación de las historias de Meche, Cirilo o Cavallasca. Incluso yo, la encargada de escribir dichos artículos, lo hago con el mismo estado de ánimo con el que ustedes los leen. Creanlo o no, siempre comienzo a escribir con un plan, pero nunca sé exactamente cómo quedará el nuevo "capítulo" hasta no verlo ya publicado en el blog, con fotos y todo.

 

                                               Pero este no será un innecesario autobombo. Es una sincera felicitación a todos ustedes, porque sin sus aportes, el blog  se hubiese venido a pique. Tengan en cuenta el poco material disponible sobre el tema que nos ocupa...pero como cada uno fue aportando lo que tenía -exíguo o mucho -, cuando nos quisimos acordar, entre todos , habíamos logrado algo maravilloso.

 

                                                 Gracias Gus, por ser el padrino de "Jacinta Pichimahuida", y por haberme dado tantas ideas respecto a cómo ir armando este pequeño espacio. Yo nunca he sido muy práctica en esto de la informática, y sin tus consejos, el blog no sería el mismo. También debo decir que en momentos muy difíciles para mí, estuviste siempre ahí, apuntalándome para que no me cayera.

 

                                                 Gracias, Luis, por tus testimonios gráficos -inhallables en otro lugar que no sea tu archivo personal- y tus recuerdos, únicos por el hecho de ser tuyos y tan llenos de calidez . Uno cree poder volver los 70' cuando te lee, y de paso comprende que sos un gran ser humano. No cualquiera colabora desinteresadamente y pone a disposición de alguien casi completamente desconocido, una información invalorable.

 

                                                  Gracias, Marcela , por esos retacitos de memoria que, se nota, te son muy queridos, contados con tal infinita gracia, que nos parece tener a Meche de carne y hueso junto a nosotros, dispuesta a hacernos reír con sus ocurrencias y diabluras. Como Luis, nos has contado con la mayor naturalidad, anécdotas y datos preciosos acerca de "Jacinta Pichimahuida", versión Medrano, que casi nadie , o muy pocos al menos conocen, por no figurar en ningún libro, ni revista.

 

                                                  Gracias Liliana Joaquín por darme tanto de tu tiempo, pese a lo ocupada que estás, porque por vos, supe muchas cosas que luego fueron el punto de partida para investigaciones futuras sobre Jacinta. Como Luis y como Marcela,  es notorio el cariño con el que recordás esos años de tu niñez.

                                                  Gracias, Roberto Garay, por habernos regalado por un instante tu presencia...Fue una pena que decidieras no visitarnos más, quizá a causa de algún malentendido. Aún hoy, no puedo averiguar cuál fue.

                                                 Gracias María Elba Cantarella. Te conozco a través de tu amiga Sol, y sé que pedís, se respete tu anonimato. De todas maneras, te agradezco por haber sido Carola Quiñones en los 60'. POr este conducto, te hago saber lo amado que era tu personaje.

                             

                                                     Gracias Gitano, por ser un archivo viviente de los 70' y los 80'. Además, difícilmente alguien contaría tus historias con la chispa que vos lo hacés. Leyéndote, uno escucha mentalmente los viejos "jingles" de la tele, recuerda capítulos enteros de telenovelas y rememora latiguillos de actores, cómicos y periodistas. ¡Y encima vivís en "la Feliz", una de las ciudades más bonitas del mundo! ¿Qué más se puede pedir? ¡Sos un genio, pibe!

 

                                                     Gracias Álvaro, por recordar a Jacinta y sus chicos con tanta poesía, y hasta filosofía. A más de uno de nosotros se nos han llenado los ojos de lágrimas leyendo tus sentidos comentarios. Y sobre todo gracias, por aportar la música de dos ciclos del programa - Medrano y Lemercier - en formato comprimido, para que cualquiera se los pueda bajar y disfrutar de ellos como en aquella lejana infancia.

 

                                                   Gracias, Vale, por las revistas de la versión Medrano. Sin ellas - al menos hasta la llegada de Luis al blog - nos hubiera sido muy difícil encontrar fotos sobre la "Jacinta de los Años 70".

 

                                                     Gracias Sergio por tu entusiasmo y por contactarme con Omar Lefosse, un bellísimo ser humano...Por supuesto ¡Gracias a él también!

                                                   

 

                                                    Gracias Ricardo, Ramiro, Mario, Nelson, Ariel, Rodrigo, Marino, Daniel, Marisa, Sol. Gracias a todos, por haber estado y colaborado. Por haber amado a esta maestra y a sus chicos desde toda la Argentina y países hermanos. (Si me olvido de alguien, sepan disculpar)

 

salidadelcolemedrano.jpg

 

Gracias  a los tres elencos de las tres Jacintas pr habernos regalado tantos valores, tanta alegría y tanta emoción durante 30 años.

 

                                                       Gracias a Abel Santa Cruz por haber sido sensible, recordar a su maestra querida y a sus compañeros y escribir esta pequeña obrita de arte que, como él lo quiso "nunca se olvidará".

 

                                                        Y sobre todo gracias a Jacinta Pichimahuida, joven maestra de los "Años Locos" . Sin ella, sin sus chicos, nosotros no estaríamos acá hablando de éste tema. Por supuesto, por carácter transitivo, hacemos extensivo el agradecimiento a Evangelina Salazar, Silvia Mores, María de los Ángeles  Medrano, María del Carmen Valenzuela y Cristina Lemercier, las caras televisivas de ese ser angelical y al mismo tiempo sagaz y recto que fue la maestra eterna, "la Jacinta", aquella criticada por intelectuales que no la conocen, o rechazan los valores que ella transmitía, pero inmensamente amada por quienes tienen un corazón en el pecho y un alma de niño sempiterno.

 

 

                                                         Eso es todo señores...¡Ahora, vamos por un año más! ¿Me ayudan?

 

Vanesa.

 

FOTOS: 1- Cristina Lemercier (Jacinta Pichimahuida), Omar Lefosse (Palmiro Cavallasca), Laura Tuny (Etelvina Baldasarre), Marcelo Fabián Rodríguez (Cirilo Tamayo) y Gloria Carrá (Meche Ferreyra) FUENTE: Album de figuritas: "Señorita Maestra" 1984. 2-  Carlos Pamplona (Efraín),María de los Angeles Medrano (Jacinta Pichimahuida), Miriam Antelo (Carola Quiñones), Alejandro Lamarque (Palmiro Cavallasca), Marcelo Bonachi (Aquiles Strabucco), Alejandro Villordo (Fito Zabala), Marcela Villordo (Meche Ferreyra) FUENTE: Fotonovela "Jacinta Pichimahuida"- 1975-

 

                                                     

Jacinta..."En Libertad"

lunes, 08 de junio del 2009 a las 02:07

 

 

   Hace unos días, el amigo de la casa, Luis Hernández, me envió tres joyitas que no quería dejar de compartir con ustedes.

   En la primera, se ve a Alejandro Lamarque (Palmiro Cavallasca), un extra (quien como Luis me hizo notar lleva delantal blanco en lugar de celeste y se nota), Daniel Miyahira (Masharu Kokimoto), el propio Luis Hernández (Canuto Carsio) y...¡¡¡¡sííii señores!!! , Marcelo Feijóo en su papel de de Jorge Batallán. Cuando tenga más tiempo, agregaré su imágen en "Pase al Frente" que lleva su nombre. Por otra parte, destaco también su pinta. Nada puede envidiarle a Marcelo Piraíno. ¿Vieron? Yo estaba segura que alguna vez tendríamos el rostro del Marcelo Batallán versión Medrano en este blog.

   Pero de yapa (y se lo agradezco), Luis me mandó también dos fotos de "Música en Libertad" edición infantil que paso a reproducir. Luis no recuerda si pertenecen a 1970 o a 1971, pero la diferencia de fechas no es muy imprtante. ¡Acá van y disfrutenlas!

Sample picture

   El que está jugando con un títere, es Luis Hernández (todos los chicos tenían su mascotita) , pueden verse a los payasos "Totín" y "Totón"  y a la hermanita  de Javier Díaz (el segundo Cirilo de la versión Medrano), justo al lado de él (pero está volviendo la cabeza hacia otro lado). A Gabriela Toscano se la ve asomando la cabeza justo detrás de la hermana de Díaz.

 Y ahora vayamos a la segunda y última:

musicaenlibertad11.jpg

 

    Bueno, acá van los chicos que hacían "fonomímica", haciendo como que cantaban los temas infantiles de moda.  Luis Hernández puede ser visto en último lugar, sentado en un banquito, a la derecha, como él mismo nos aclara, con mucha chispa "mirando para cualquier lado, menos a la cámara". Gabriela Toscano, futura "Larrotonda" está abajo, a la derecha, al lado de la chica con rasgos japoneses. Aparece tomada de la mano de la hermanita de Javier Díaz. Y éste, justamente, puede ser ubicado adelante, a la izquierda, en primer lugar.  También se ve, con los chicos, al payaso "Totín", quien aparece en la primera foto .

   Y ahora, un desafío para "Gitano" (o para cualquiera que conozca la respuesta). Luis me indica que en el centro de la segunda foto, peinado como un "Beatle" de la última época, es posíble distinguir a un pibe mayor que los otros. El no recuerda el nombre, pero en cambio sí que su hermano mayor trabajaba en la edición adulta de "Música en Libertad" y que ambos eran iguales, casi idénticos, salvando la edad...¿Alguien tiene el nombre  - o en este caso, el apellido de cualquiera de los dos? ¡Ya se sabe que se agradece por anticipado!

   Como datito extra, Luis me comentó que los que se ven en las fotos eran los chicos que hacían la fonomímica (forma más castiza de llamar al playback), es decir, las estrellas del programa. Había más, pero hacían el papel de extras.

   Y ¿Quieren otra perlita? Bueno; como me gusta mimarlos, acá va: Uno de los temas interpretados por Luis Hernández era "Canción para Tomar la sopa", de Pipo Pescador.  El futuro "Canuto" aparecía ante cámaras...¡Todo vestido de cocinero!. Dicho sea de paso, yo lr comentaba a él, que esa canción fue una de las primeras que me regalaron. Mi tía me compró el simple prácticamente cuando nací. No recuerdo qué había del otro lado del disco (para los memoriosos de tiempos de las cavernas, en los simples venían dos temas, uno de cada lado. También había algunos , más "sofisticados" con dos canciones por lado)

   No se pueden quejar ¿No? El blog sigue creciendo. Y la verdad, la verdad, casi un año atrás, cuando lo inicié, jamás imaginé llegar a este punto. Gracias a todos por hacer posíble algo tan lindo. Les prometo seguir en la brecha. Es todo lo que puedo decir.

   Vanesa. 

  

 

 

Hoy firman el boletín:...Romualdo y Eloísa Cavallasca.

miércoles, 27 de mayo del 2009 a las 01:50
guardado en

 

 

 

    Romualdo y Eloísa Cavallasca...Dos de los personajes más queridos de "Jacinta Pichimauida" y "Señorita Maestra".  ¿Cómo no recordar al gruñón de Don Romualdo , en contraste permanente con su esposa, un ser cálido, abnegado y un poco sufrido? Ellos fueron los padres del buenazo Palmiro, uno de los alumnos favoritos de la audiencia infantil y no tanto.

 

    A decir verdad, no tenemos constancia del verdadero nombre de los Cavallasca. ¿Quién recuerda los nombres propios de los padres de sus compañeros? Casi nadie...Y Abel Santa Cruz, muy ocupado cuando chico jugando al fútbol en el potrero del barrio, yendo al "biógrafo" de vez en cuando o escuchando el último "hit" de Francisco Canaro o Gardel , poco habría de indagar en semejantes cuestiones. Ignoraba que, pasados los años, llevaría esa historia llena de ternura a las páginas de una revista primero, a la radio después , a la televisión seguidamente, y por último, las guardaría para siempre entre las intimistas tapas de un libro. La niñez es tiempo que no se piensa; echa a volar y se nos escapa. Luego, cuando queremos atesorarlo en el recuerdo, lamentamos no haber sido más atentos a los pequeños detalles triviales. Sea como fuere, los señores Cavallasca no fueron Romualdo y Eloísa, muy seguramente. En el caso del primero, no es difícil que Santa Cruz se inspirase en el nombre de pila del actor elegido para encarnar al personaje, Romualdo Quiroga. En cambio, nada indica la razón de su inclinación por bautizar "Eloísa" a la madre de Palmiro.

 

    Ya nos ha tocado aquí hablar largo y tendido del señor Cavallasca. Un mecánico muy cumplidor, concienzudo con su trabajo, pero de maneras ásperas y un tanto rústicas. De su forma de conversar, emplear los verbos y pronunciar las palabras, se adivinaba que era muy poco instruído: decía "dotor", "diretora", "cambear", "semo" y, por supuesto, se comía todas las "eses". La maestra de su hijo nunca pudo dejar de ser "la Jacinta" para él y ni aún delante de ella se sustrajo a hablar echando mano del lunfardo más cerrado. A su hijo lo llamaba "mi pibe", los zapatos eran "tamangos" o "timbos" ...Una especie de Minguito de los años 20'. Por supuesto, como era de brusco y malhablado, era también honrado. Cavallasca jamás iba a estafar a un cliente o a cobrarle más de lo que el arreglo de su coche valía. Cierta vez, descubrió una basurita en el carburador del coche del doctor Baldasarre, y aún sabiendo su inmensa riqueza, no le cobró un centavo. "Sería como si usted me cobrara por recetarme una aspirina " - explicó. Otra de sus cualidades era la franqueza. Aquello que Cavallasca sentía, lo decía, aunque no gustara a su interlocutor, y éste podía ser un mendigo o el príncipe de Gales. Entre sus principios, no cabía el disimulo. Eso inculcaba a sus hijos y Palmiro, al menos, demostraba ser el mejor alumno de su padre en ese sentido.

 

 

   Lo malo de Don Romualdo era que, como tantos en esa época - y en ésta - pretendía realizarse a través de su hijo. Instaba a Palmiro a que "estudee", pues él no había podido hacerlo y a menudo, ignoraba los problemas propios de ir asimilando conocimiento, sobre todo si nunca se lo ha hecho sistemáticamente . Para Don Romualdo , todo se reducía a que "el burro de mi pibe", no se esforzaba la bastante. Lo encerraba días enteros con los libros de clase para "que se meta en la sabiola" toda la información, y luego procedía a tomársela de memoria, creyendo que repetir sin tropiezos una página entera, era estudiar. Pero el pobre Palmiro no comprendía lo que leía, no le "entraba", necesitaba mucha más ayuda que el mero sentarse a empollar, como dirían los españoles. Sin embargo, lo único que le importaba a Cavallasca era ver pasar a su hijo de grado, y con los años, convertirlo en un eminente doctor en medicina. Por supuesto, es encomiable la actitud de un padre que quiere ver progresar a su hijo, sobre todo en un tiempo en el que el país daba para la promoción social. Lo de "si perseveras, triunfarás", en aquellos años era, hasta cierto punto, posible. Pero también es verdadero que ni en 1920 ni ahora, todo el mundo nace con aptitudes académicas y que tanto entonces, como en el 2009, se tendía a despreciar a quienes hacían trabajos manuales, cuando estas personas son altamente necesarias en todas las épocas. Palmiro no hubiera sido nunca un gran médico, forzoso es reconocerlo. Quizá , una buena escuela técnica, hubiese sacado de él un excelente chapista, un electricista de nota o un gran artesano.

 

   La madre era muy distinta. Eloísa Cavallasca daba al hijo, toda la ternura que del padre le faltaba. No porque Don Romualdo fuese malo, sino porque no tenía elementos para entenderse con Palmiro. No sabía demostrar amor; el grito, la palabra dura, los exabruptos, los tenía a flor de labios. No así  su mujer, quien sabía mimar con la caricia oportuna, la mirada llena de sobreentendidos o el postre cocinado con amor infinito. Ella, sufrida, como tantas madres y esposas de entornos semejantes, pedía paciencia al padre para soportar las "burradas" del hijo, y al hijo  comprensión para con el padre, porque el quería verlo "hecho un hombre de bien". Ella entendía los anhelos del uno y los sentimientos del otro, tratando siempre de limar asperezas entre las partes. Para Eloísa Cavallasca,  ambos eran sus hijos y a veces, el marido se mostraba más infantil y obcecado que el mismo Palmiro.

 

 

   Generalmente, se tiene la errónea sensación de que los Cavallasca eran pobres o al menos, muy humildes. Nada más inexacto. Se trataba de gente poco instruída, sí, pero no olvidemos que la profesión de mecánico se pagaba muy bien en esos tiempos. Como no existían muchos autos en la ciudad de Buenos Aires, tampoco había una gran cantidad de expertos en repararlos. Cavallasca era uno de ellos, y muy bien instalado. Estaba en pleno centro, a pasos del "Barrio del Norte" y de Congreso. Los elegantes moradores de los coquetos "petits-hotels" cercanos, debían traerle a él los coches para que les revisara las "ñañitas" y uno de sus clientes más conspicuos fue precisamente el doctor Luis Baldasarre, papá de Etelvina. La infancia de Palmiro, no debió, por consiguiente ser abundante en privaciones materiales.

 

   No tengo la seguridad de que Romualdo Quiroga haya encarnado a Cavallasca padre desde la versión Salazar (aunque esto es lo que se tiene por cierto), pero al menos lo hizo a partir de 1974, con María de los Angeles Medrano y luego, se lo volvió a ver en 1983, junto a Cristina Lemercier, retomando el personaje. En la revista de fotonovelas "Jacinta Pichimahuida", por razones de contrato, al personaje lo hizo el padre de Miriam Antelo (la actriz que personificó a Carola Quiñones), cuyo nombre de pila desconozco. A la madre, la dulce Eloísa, le prestó los rasgos primero Nora Núñez en 1974 (ignoramos quien fue la actriz en 1965) y después, la inolvidable Nené Malbrán, para mí, inigualable en el papel.

 

    Este matrimonio, como los demás personajes de los que hemos venido hablando en los últimos meses, se desvanece poco a poco en la historia. Vaya a saber qué habrá en lugar de su taller, qué   edificio moderno  se habrá construido sobre  el que fuera hogar de los Cavallasca, pero  gracias a "la Jacinta", gracias a Abel Santa Cruz, gracias a un aparatejo llamado televisión , nunca acabarán de morir del todo.

 

Vanesa.

 

FOTOS: 1- Romualdo Quiroga y Nené Malbrán en su papel de Romualdo   y Eloísa   Cavallasca (Fuente: Almbum de figuritas "Señorita Maestra") 2- El señor Antelo en la revista "Jacinta Pichimahuida" poniéndose en la piel de Romualdo Cavallasca, versión Medrano. Lo acompañan probablemente Nora Núñez (dato a confirmar) y seguramente Alejandro  Lamarque (Palmiro) 3- Idem (Fuente: Revista de fotonovelas "Jacinta Pichimahuida")

Alumna Liliana Taroli...¡Pase al frente!

martes, 19 de mayo del 2009 a las 01:43

 

   "...De algunos condiscípulos uno recuerda el nombre de pila, de otros, el apellido. Evoco ahora pues, el apellido de una compañera como de fieltro y de carcajada: Taroli. Interrogo a mi nostalgia y me responde que ella tenía un sobrenombre y que el sobrenombre era Beba. Pero como se niega a reproducirme el nombre de aquella morena memorable, permítaseme inventarle uno. El que vosotros necesiteis. Acaso Liliana. Que también lo necesito yo, porque es el nombre de una de mis hijas.

 

         Taroli, pues, Beba por supuesto. Liliana podría ser   . Aquel no era un apellido atrayente, pero ella , sí..."

 

             Así comienza Abel Santa Cruz su capítulo "Liliana Taroli" en "Cuentos de Jacinta Pichimahuida". Y coincidimos: el apellido no puede sonar menos bello, en cambio la descripción del personaje, decididamente lo es.

 

             Como Meche, Beba Taroli gustaba de jugar al fútbol con sus amiguitos varones, siendo al mismo tiempo delicadamente bonita, nada tímida, sin ser provocativa  y además elegante. Sin embargo, lo más saliente de su personalidad era cambiar de peinado. Un día, aparecía con rulos sobre la cabeza, al siguiente, con un peinado a la garçon - tan en boga en esos tiempos, y así...Todo el grado estaba a la expectativa y cada chico, inciado en este inocente folklore femenino, se preguntaba cada día al salir de clase: "¿Cómo se peinará mañana la Beba Taroli? . No había varoncito que no agradeciera este pequeño "guiño" que la chica les hiciera, pues el nuevo peinado de todas las tardes era como una respuesta complica a la tácita pregunta de la víspera.

 

               Por supuesto, había alguien ajeno a la simpatía de Liliana Taroli; alguien cuyos sentimientos hacia ella se parecían bastante a los del odio. ¡Acertaron! ¡Etelvina Baldasarre! La compañerita de los mil peinados le robaba la atención  de todo el grado, y ella, con ser bonita no concitaba el cariño ni de las chicas - que gustaban de la originalidad de Beba - ni de los chicos, quienes la admiraban por su belleza pero no la querían. Como bien lo dijera Abel Santa Cruz:  " (Etelvina)...Era linda, claro, muchísimo, pero la suya era una hermosura fría y premeditada. Y la hermosura de Liliana tenía una vibración caliente y cambiante, una humanidad de cosa viva, aparcera y popular..." ¡Incluso Cirilo, opr una vez harto de los desplantes de su diosa rubia llegó a retobarse! Se encaró con Etelvina y le espetó en plena cara:

 

                 -¡Beba Taroli tiene el pelo más lindo del mundo!

 

               Por supuesto, Etelvina trató de conquistar la popularidad recurriendo a las mismas armas que Liliana: la coquetería . Trató de teñir su blonda melena y un día se presentó a la escuela con un pañuelo cubriéndole  la cabeza. Anunció triunfal que cambiaría en breve de color de cabello , provocando la instantánea fascinación de sus compañeras y la indignación de las madres, que en cuanto se enteraron del suceso por boca de sus hijos, afirmaron que de ser ellas la señora Baldasarre , hubieran matado   a cachetazos a Etelvina. Pero pese a todo, Liliana Taroli triunfó. Cuando todos esperaban ver aparecer a la pequeña nariz para arriba con sus bucles de oro transformados en una catarata de brillante ébano, la diva se ausentó. Comenzó a faltar a la escuela un día tras otro, y de su casa pretextaron que se encontraba ocupada, cuidando a una tía enferma. Como los chicos sabían que Etelvina era incapaz de cuidar a nadie, desconfiaron. Cirilo, quien tenía miedo de que su ídolo estuviese enferma, se animó a treparse a una medianera que daba al patio  de la casa y la llamó. Etelvina se encontraba sentada en una silla de lona de franjas amarillas y blancas y al oír la  conocida voz, se volvió. Lo que Cirilo vio fue un rostro lleno de lágrimas de rabia e impotencia,  y un cabello que antes había sido un "fino surtidor de oro", transformado " en un insólito cartel de ferretería, con sus mechas pintadas de colores absurdos y tornasolados, negras, azules, rojizas, verdes ,  amarillas..."   Lo que Etelvina no había previsto era que cuando una rubia quiere teñirse de un color mucho más oscuro que el suyo, debe decolorar primero su cabello hasta dejarlo casi blanco, y recién allí intentar el cambio.

 

    Liliana Taroli siguió imbatible en el primer puesto de simpatías, junto , posiblemente con Meche, cuya coquetería dejaba bastante que desear , al menos en tiempos de la infancia.

 

     No aclara la historia qué fue de la bella Beba y su cambiante cabello; tampoco sabemos por qué ella no fue incluída en lo que yo llamo "los alumnos televisivos" de "Jacinta Pichimahuida" y "Señorita Maestra". Hubiera sido lindo darle un rostro ficcional a esta chica que tantas simpatías supo cosechar. Seguramente hubiese sido un personaje atractivo, entre Meche y Clavelina, con mucho de la dulzura de Catalina . Es una pena que los adaptadores de las historias publicadas previamente en Patoruzú no hayan tenido en cuenta la gracia innata de este personaje.

 

       Nosotros, en cambio, no la olvidamos: ¡Gracias Beba Taroli por haber existido y derramado dulzura a tu paso allí por donde fueras!

 

                 Vanesa.

 

FOTO: El testimonio gráfico no corresponde , por supuesto, a la verdadera Liliana Taroli, sino a una niña de su tiempo (en este caso de apellido Paunero). Mi objetivo es mostrar cómo eran los chicos y chicas de los años 20', para que quienes accedan a este blog sepan qué aspecto podían tener los verdaderos Meche, Cavallasca, Carmen, etc...¡Ojalá algún día podamos publicar sus verdaderas fotos!

 

 

¿Qué Cavallasca?...¡Manolito!

miércoles, 13 de mayo del 2009 a las 00:42

 

Como diría nuestra entrañable "Catita": ¿Ustedes, por un casual, se percataron de algo?  Yo, sí. Generalmente no soy muy perspicaz  , pero a partir de un reportaje a Omar Lefosse que me hizo  llegar gentilmente Rodrigo y que leí con mucho interés, me dí cuenta de que el alumno Palmiro Cavallasca se parece singularmente a Manuel Goreiro, alias "Manolito". Sep. El mismo; el de "Mafalda". No es que antes no tuviera muy presente la personalidad del "gordo bueno" del aula de Jacinta, pero al tropezar mis ojos con estas líneas del reportaje aparecido en "Clarín", el domigo 5 de marzo del 2000, la similtud de Cavallasca con Manolito ya no pudo pasarme desapercibida:

 

   "...Puede decirse que Palmiro no era un chico feliz. Tenía un padre mecánico tan bruto como él, que cada tanto, le pegaba coscorrones y que cuando lo acariciaba también le hacía doler..."

 

   ¿No era ésta la característica principal de la relación de Manolito con su padre? ¿Quién no recuerda los golpes de nudillo que el viejo Goreiro aplicaba a su retoño cuando aéste no le iba bien en la escuela? Por otra parte, también era "violentamente cariñoso" si puede decirse así, en el caso de darle Manolito una alegría. Siempre me pareció muy ingeniosa la frase del amiguito de Mafalda después de haber sido mimado de esta suerte por el autor de sus días : "...Tuve un ‘round' de cariño con mi papá..."

 

 

   Por supuesto, hay también diferencias: Manolito era hijo de un almacenero, y el señor Cavallasca ejercía como mecánico; Manolito descendía de gallegos de pura cepa y Palmiro de italianos; al princípio el padre de Manolito no quería que su hijo estudiase para verlo dedicarse de lleno al almacén, en tanto que el señor Cavallasca tenía mucha fe en la escolaridad de "mi pibe", como lo llamaba y lo instaba a estudiar. Manolito no le daba importancia alguna a la escuela y deseaba ser un gran empresario para manejar una cadena de supermercados; Palmiro tampoco daba un peso por su paso por la escuela, aunque sus miras estaban puestas en el deporte. Quería ser un crack de fútbol, aunque también el boxeo lo tentaba. Otra diferencia notable es la relación de nuestros dos interesados con sus madres. La de Manolito era tan poco cariñosa como el padre, prodigando a diestra y siniestra gritos, zapatillazos y tirones de pelo; la de Palmiro, toda dulzura y cariño, estando siempre allí para consolar al hijo, hacerle la comida que le gustaba y tratar de frenar los arranques de ira de su marido contra el sacrificado hijo.

 

   Sin embargo, las similitudes son unas cuantas. Ni don Manuel Goreiro padre ni el señor Romualdo Cavallasca escatimaban críticas a sus respectivos hijos "por brutos", si bien ellos mismos eran bastante ignorantes. Cavallasca era muy duro con Palmiro, incluso en público. Por otro lado ambos chicos no sobresalían especialmente por su pinta y además (al menos el Cavallasca de la versión Medrano, ya que no el de Lemercier ) tenían un hermano mayor, que en el caso de Palmiro, lo  verdugueaba  bastante. También puede considerarse similitud la mala relación entre Etelvina y Cavallasca, muy parecida a la sostenida por Susanita, eterna engreída y pagada de sí, con Manolito.

 

 

 

 

   Pero donde Manolito era tramposo, Cavallasca era derecho y no estaba orgulloso de ser bruto, en tanto el primero sí lo estaba. Para él, la cultura no servía para "hacer plata", su principal objetivo en la vida. Palmiro quería aprender aunque le costaba mucho estudiar. Además, lo que Manolito lo tenía de egoísta, Cavallasca lo tenía de desprendido. Se mostraba generoso con sus amigos, caballeresco con las chicas y respetuoso con su maestra y sus padres, aunque a veces, frente a don Romualdo, el miedo lo paralizaba.

 

   No habiendo conocido al Cavallasca de los 60', no sé si compartía todas las características del de los 70' y 80'. No es poco factible que los libretistas de la versión Medrano hayan tomado algún rasgo de Manolito para "afinar" la personalidad del chico más querido del aula de Jacinta.  No olvidemos que cuando se adapta un libreto para televisión, siempre sufre cambios en el sentido de la ficcionalización.

 

   De todas maneras, tanto Palmiro como Manolito son dos personajes muy queríbles, indisociables ya de la cultura popular argentina, con sus virtudes y sus defectos.

 

 

   Vanesa.

 

Fotos:  1-Alejandro Lamarque como Palmiro Cavallasca 2- Omar Lefosse interpretando a Palmiro, junto a Cristina Lemercier (Jacinta Pichimahuida) y Gloria Carrá (Meche) 3- Alejandro Lamarque como Cavallasca 4- Omar Le fosse (Cavallasca) y Fernando Florentín (Anselmi)

FUENTE: Revista de fotonovela: "Jacinta Pichimahuida" y Album de figuritas "Señorita Maestra".

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