Alumno Canuto Carsio...¡Pase al frente!

Este no era el favorito de nadie, de eso estoy segura.
No se podía decir que fuese mal alumno: se esforzaba en "rascar" el cuatro que le siriviese a gatas para pasar de grado. No por falta de inteligencia, no; a la inteligencia la tenía de sobra , aunque la utilizaba para otros fines. ¿Quién se va a encerrar todo un día de sol en su casa a estudiarse las tablas de multiplicar si se podía, en cambio, hacer una gomera para cazar pajaritos y agregárselos a la polenta, jugar a la pelota en el baldío, sacrificando los "ríos de la Mesopotamia" rigurosamente marcaditos en el mapa o atarle cohetes en la cola a un gato, dejando de lado la batalla de Caseros?
¿Quién? La respuesta está ya dada desde el início: Canuto Carsio, el alumno más pícaro de Jacinta Pichimahuida, la contracara de su dulce hermanita Clavelina.
Siempre hay un Canuto Carsio en todas las aulas del país y en todas las épocas. En mi escuela primaria, pude contar exactamente tres "Canutos", uno de los cuales, al crecer, terminó detenido en calidad de chorro a mano armada en una penitenciaría. Los otros dos no llegaron a tanto afortunadamente ,y son, por lo que tengo notícia, tan buenos o tan malos como cualquiera de nosotros.
Canuto Carsio parece un retrato calcado de aquel Franti de "Corazón", otra estudiantina, pero ésta vez debida a Edmundo D'Amicis. Franti era pelirrojo, como Canuto, siempre atento a hacer daño , a ver el lado feo de todas las cosas y a no demostrar sensibilidad por nada. Por supuesto, Franti actuaba peor que Canuto, más al modo patotero y malandra de mi antíguo compañero, hoy desgraciadamente encerrado en un penal. Canuto , después de todo, bien argentino (aunque hay ejemplares similares en todos los países), "tiraba más" a Corrales, el alumno con pretenciones de orillero, tan bien pintado por Miguel Cané en "Juvenília",aquel audaz que se atrevió a trompear o al menos a tratar de trompear a Monsieur Jacques, el genial profesor de impecable espíritu ilustrado pero espantoso carácter . Canuto y Corrales eran dos compadritos, no malos de corazón, pero acaso deseosos de presentarse ante la mirada de la gente como "duros para largar el moco", inconmovíbles. Necesitaban una cota de malla para enfrentarse al mundo y no salir demasiado heridos de la prueba; o al menos para aparentar no haber sido lastimados.
Según se desprende de la versión televisiva , Canuto Carsio provenía de un hogar cargado de violencia, donde los padres discutían de contínuo y los chicos debían sufrir ese clima insoportable. El padre de Canuto y Clavelina, no sabía imponer su autoridad de otro modo que haciendo callar y amenazando con palos a diestra y siniestra. Más de una vez, advirtió severamente a Canuto cómo iba a resolver el problema si alguien le venía con chismes acerca de su mala conducta: le iba a "reventar la cabeza". Con semejante panorama, no podía esperarse sino un comportamiento anormal. En cierta forma, sus dos hijos se revelaban hijos de tal "hogar": Clavelina parecía pedir perdón por existir; dulce, servicial con todos y excesívamente frágil, estaba casi rogando su legítimo derecho a vivir. Canuto optó por el camino inverso: él iba a llevarse a la vida por delante; a él lo iban a respetar y si no, tanto peor. Y no se conmovería por nada. Conmoverse lo haría vulnerable ;bastante tenía con serlo en su casa. Entonces fue burlón y cínico con sus compañeros de escuela, arrogante con la autoridad , indiferente a quienes quisieron inculcarle algún sentimiento. No quería sufrir.
Por supuesto, Jacinta Pichimahuida logró lo imposíble: quebrar esa barrera de autoaislamiento en la que se había sumergido Canuto. Al princípio no tuvo éxito, e incluso el pelirrojo saldría de la escuela durante un año por decisión de sus propios padres, estigmatizado como un malvado incorregíble, antes de regresar a las aulas del Colegio Roca , bastante cambiado, pero con el mismo espíritu travieso de siempre. Al final, sucedió lo inevitable: Jacinta entró en el corazón amurallado de su alumno...Y como un general experimentado, seguro de su estrategia, lo conquistó. Para siempre.

Si ésta hubiese sido una historia de ficción, Canuto se hubiera vuelto "bueno", pero rara vez la vida es tan predecíble y grata. Canuto Carsio - con quien Santa Cruz no simpatizaba - terminó la escuela primaria sin ser expulsado y moderando un poco su conducta de paria. No la cambió.
El logro más alto de Jacinta Pichimahuida en su caso, fue llegar a ser querida por un chico que hasta ese momento, no podía amar a nadie. Y es algo.
Quizá Canuto Carsio haya vivido en uno de esos conventillos tan comunes entonces en la zona del Centro -donde lujosos Petits- Hôtels menudeaban junto a casas de inquilinatos, talleres y establos - en compañía de padres incapaces de hacer felíces a sus hijos, porque ellos mismos no lo son y esa hermanita tan delicada y buena, por lo mismo así de obscura y sufrida...No sabemos si acabó compadrito de cuchillo, obrero o empledo. Quizá su hermana cosiera para afuera y se casara con un hombre tiránico, para vivir a su sombra y servirlo, reproduciendo así el esquema de su propio hogar. Ojalá hayan escapado ambos a ese triste destino.
Pero recordemos lo buen ejecutante de armónica que era Canuto Carsio. No dejaba de lucir sus habilidades como músico en cuanto festival de la cooperadora hubiese. En los dorados años 30-40, Canuto Carsio pudo haberse destacado como intérprete en una "típica" y hacer bailar a cientos de parejas en algún club de barrio, esos sábados de la noche porteña que ya nunca volverán.
Vanesa.
NOTA: En la primera fotografía se ve a Luis Hernández, el "Canuto Carsio" de los años 70', junto a María de los Angeles Medrano. En la segunda fotografía, aparece José Badjer (""Canuto" de la primera versión de la novela), charlando precísamente con Evangelina Salazar. Para una fotografía del mismo personaje, pero en el ciclo Lemercier, ver "Alumna Clavelina Carsio...¡Pase al frente!, donde Gabriel González lo encarna como nadie. Nótese que los tres "Canutos" usaban anteojos, como lo indica el libro, pero al menos dos de ellos NO eran pelirrojos, dato repetido una y otra vez por Abel Santa Cruz en su relato.
- Deja tu comentario (49)
















